viernes, noviembre 30, 2007

Las pruebas de supervivencia de Ingrid y los otros secuestrados

Es innegable que todos queriamos que aparecieran las pruebas de supervivencia de Ingrid Betancourt y todos los otros secuestrados, fueran videos, cartas, fotos o postales. Pero no deja de ser extraño que justo ahora hayan aparecido.

Despues de 4, 5 o más años de secuestro de algunos de ellos, y 2, 3 o más años sin tener noticias de ellos tampoco, justo esta semana aparecen las pruebas. No deja de ser sospechoso para mi.

¿Intento de la guerrilla por tener más protagonismo? Tal vez sintieron que Chavez y Uribe les estaban robando el protagónico.

¿Intento del gobierno de distraer la atención? Es posible. Incluso es posible que dichas pruebas de supervivencia estuvieran en poder del gobierno hace algún tiempo y se hayan decidido a sacarlas a la luz pública ahora para desviar la atención del conflicto con nuestro vecino.


Sea como sea lo importante y destacable es que hay pruebas fehacientes de que están vivos y que, especialmente los familiares, no perdemos la esperanza de volver a tenerlos formando parte activa de nuestra sociedad. Ojalá superemos las envidias e intereses personales y logremos que estén libres pronto. Sea con acuerdo humanitario o no.

Nadie merece ser obligado a hacer algo que no quiere o a dejar de hacer algo que quiere.

martes, noviembre 27, 2007

Ariadna

Cuál no sería la sorpresa cuando, finalmente, después de varias horas de recoger hilo, Teseo vio volar la cometa al otro extremo.

martes, noviembre 13, 2007

El escritor

Ante la escasez de personajes decidió escribir un libro sobre él mismo. Bien sabía que esto no era nada nuevo y que él no sería el primero. Incluso recordaba que ya Miller había hecho una acotación al respecto en uno de los trópicos, en el de Capricornio tal vez, o ¿Era en el de Cáncer? Total no importaba. No creía que alguien que leyera a Miller le fuera a leer a él.

La pantalla del computador con la hoja en blanco en el procesador de palabras era la única luz que iluminaba la habitación. Y eso escribió:
Iluminado únicamente con la hoja en blanco de mi procesador de palabras me dispongo a contarles un poco de mi vida.

Miró a su alrededor y vio la habitación en penumbras ocupada solamente por la cama y la mesa donde reposaba el computador.
Soy un escritor solitario y triste. Todo alrededor mío es o termina siendo triste. Incluso la vista por mi ventana es melancólica y aburrida.

Miró por la ventana para confirmar su aseveración. Releyó. Le pareció extremadamente triste. Siempre quiso ser considerado bohemio y no triste. Incluso le hubiera gustado hacerse fama de alcohólico como Poe o de homosexual como Wilde. Pero no, el alcohol nunca le había atraído lo suficiente. Y los hombres menos. Así que terminó con fama de triste y fracasado. Pero bueno, en el relato podía improvisar un poco, ¿no? No tenía porque ser un reflejo fidedigno de su vida, finalmente para eso estaba la literatura. Miró la mesa vacía y trató de pensar que tendría un buen autor sobre ella.
Sobre mi mesa reposan los borradores de horas enteras de trabajo descartado.

Siguió pensando, con la mirada fija en la ventana, absorto en la noche clara y despejada. Después de un rato volteó a ver su mesa... ¡Había unas hojas arrugadas que no recordaba haber puesto ahí. Bien, tal vez, ya le estaba empezando a fallar incluso la memoria. Las arrojó a la papelera.
Le doy una calada a mi cigarro y siento como el humo entra a mis pulmones

El olor a cigarrillo lo interrumpió. ¡Tenía un cigarrillo entre sus labios! No recordaba haberlo prendido. Es más, no recordaba haber comprado cigarrillos hacía mucho tiempo. Buscó donde arrojarlo y no vio ceniceros. Lleno de curiosidad escribió:
antes de arrojarlo al cenicero, junto con las tres colillas a medio fumar. Reflejo de mi intención eterna de dejar el vicio.

Ahora en su mesa había un cenicero con tres colillas a medio fumar en donde podía poner lo que quedaba del cigarrillo actual. No salía de su asombro. Miro a su alrededor pensando que escribir ahora. Vio su cama perfectamente tendida. Tuvo una idea.
Entre las sábanas revueltas de mi cama, a medio tender, alcanzo a ver su espalda desnuda.

Giró su cabeza para constatar, con cada vez menos sorpresa, que en su cama, ahora a medio tender alcanzaba a verse la espalda desnuda y peluda de un hombre desconocido. Se apresuró
La conocí en el bar. Le ofrecí posada y aceptó. Nadie le ofrecía mejor precio: cama caliente y limpia a cambio de un poco de compañía.

Sus ojos volaron a su cama. Ahora se veían las formas más suaves y apetecibles, por lo menos para él, de una muchacha. Se sintió poderoso. Por primera vez en la vida sentía que algo estaba bajo su control. El poder lo tentó.
Era lo menos que podía hacer. La noche pintaba oscura y fría. Tal vez se preparaba una tormenta.

De repente se formaron nubes en el cielo y la luna llena ya no era visible.

Su mente divagó por las infinitas posibilidades.
El primer relámpago rasgó el cielo cómo si abriera una hendidura hacia otra dimensión.


Después del relámpago del relato vio en el cielo varios más. Anonadado, contemplaba la tormenta que él mismo había creado.

De repente un relampago impactó en la estación eléctrica del barrio y vio como, progresivamente, la oscuridad del apagón eléctrico se iba acercando hacia su manzana, hasta alcanzarlo.

El computador, tal vez, fue el último en apagarse. También fue lo último que vio el escritor antes de desvanecerse, junto con los borradores, el cenicero, las colillas y la mujer desconocida, para siempre en una RAM sin energía. Si tan sólo hubiese activado la opción de autoguardar cada tres minutos...

martes, noviembre 06, 2007

Aumente su atractivo para las mujeres, hágase irresistible.

Abrió el periódico y leyó de nuevo. "Aumente su atractivo para las mujeres, hágase irresistible. Todas van a querer abrazarlo y besarlo. Garantizado." El anuncio también incluía una dirección, no muy retirada de su oficina por cierto.

La sociedad era quien lo había convertido en la persona que era. Había conseguido ese mediocre trabajo porque necesitaba dinero para comprar comida y pagar servicios y arriendo. Y ahí se había quedado, diez años en el mismo empleo, el mismo cargo y las mismas repetitivas tareas todos los días. Al comienzo pensó en ahorrar para algún día pagar una carrera universitaria y convertirse en "alguien" como le dijo siempre su madre. Pero era inútil, ¿Quién podría ahorrar con ese mísero sueldo que a duras penas le llegaba al ventidós o ventitrés de cada mes? Después surgió la idea de hacerse muy bueno en su trabajo para conseguir un ascenso y un aumento. Pero, ¿Quién iba a ascender a alguien que a duras penas había terminado el bachillerato y que, a leguas se notaba, no podía manejar ni sus finanzas personales para llegar a fin de mes?

Abrió el periódico y leyó de nuevo. No había lugar a dudas, estaba parado justo frente a la dirección que tenía el anuncio. Entró y una señorita muy amable, después de preguntarle las razones de su presencia ahí, lo acompañó a una pequeña sala de espera al final de un pasillo larguísimo que parecía partir en dos la manzana. Luego le hicieron seguir a una habitación cuyas paredes estaban cubiertas de lado a lado con complejas máquinas llenas de luces y botones. Se desnudó y se recostó en la camilla que le indicaron. Cerró sus ojos y empezó la magia.

Su vida empezó a pasar en imagenes, sonidos y olores por sus sentidos. Lu curioso no era la exactitud de ellos. Lo curioso era que pasaba en perfecto orden inverso. Se vio entrando, bueno más bien saliendo, de la sala donde estaba, se vio leyendo el periódico en la mañana. Después de ver varios días de monotonía, porque incluso yendo en sentido contrario su vida era monótona, vio su primer día de trabajo. Su grado de bachiller. Los inolvidables días de colegio. Su tierna infancia. La increible inocencia y vulnerabilidad de sus días como bebé.

De repente todo se detuvo y abrió los ojos. Estaba en un lugar desconocido, muy distinto a la sala donde había cerrado los ojos. Intentó incorporarse sin éxito, trató de girar su cuerpo infructuosamente. Finalmente decidió gritar por ayuda, pero de su boca sólo salían sonidos ininteligibles, llantos y alaridos. Vio que dos mujeres se dirigían hacia él.

  • Viste, Sara, dime si no es hermoso, tal como te había dicho.
  • Sí, Isabel, tal como me habías dicho es el bebé más hermoso que he visto, es imposible verlo y no querer alzarlo, abrazarlo y llenarlo de besos...