martes, noviembre 13, 2007

El escritor

Ante la escasez de personajes decidió escribir un libro sobre él mismo. Bien sabía que esto no era nada nuevo y que él no sería el primero. Incluso recordaba que ya Miller había hecho una acotación al respecto en uno de los trópicos, en el de Capricornio tal vez, o ¿Era en el de Cáncer? Total no importaba. No creía que alguien que leyera a Miller le fuera a leer a él.

La pantalla del computador con la hoja en blanco en el procesador de palabras era la única luz que iluminaba la habitación. Y eso escribió:
Iluminado únicamente con la hoja en blanco de mi procesador de palabras me dispongo a contarles un poco de mi vida.

Miró a su alrededor y vio la habitación en penumbras ocupada solamente por la cama y la mesa donde reposaba el computador.
Soy un escritor solitario y triste. Todo alrededor mío es o termina siendo triste. Incluso la vista por mi ventana es melancólica y aburrida.

Miró por la ventana para confirmar su aseveración. Releyó. Le pareció extremadamente triste. Siempre quiso ser considerado bohemio y no triste. Incluso le hubiera gustado hacerse fama de alcohólico como Poe o de homosexual como Wilde. Pero no, el alcohol nunca le había atraído lo suficiente. Y los hombres menos. Así que terminó con fama de triste y fracasado. Pero bueno, en el relato podía improvisar un poco, ¿no? No tenía porque ser un reflejo fidedigno de su vida, finalmente para eso estaba la literatura. Miró la mesa vacía y trató de pensar que tendría un buen autor sobre ella.
Sobre mi mesa reposan los borradores de horas enteras de trabajo descartado.

Siguió pensando, con la mirada fija en la ventana, absorto en la noche clara y despejada. Después de un rato volteó a ver su mesa... ¡Había unas hojas arrugadas que no recordaba haber puesto ahí. Bien, tal vez, ya le estaba empezando a fallar incluso la memoria. Las arrojó a la papelera.
Le doy una calada a mi cigarro y siento como el humo entra a mis pulmones

El olor a cigarrillo lo interrumpió. ¡Tenía un cigarrillo entre sus labios! No recordaba haberlo prendido. Es más, no recordaba haber comprado cigarrillos hacía mucho tiempo. Buscó donde arrojarlo y no vio ceniceros. Lleno de curiosidad escribió:
antes de arrojarlo al cenicero, junto con las tres colillas a medio fumar. Reflejo de mi intención eterna de dejar el vicio.

Ahora en su mesa había un cenicero con tres colillas a medio fumar en donde podía poner lo que quedaba del cigarrillo actual. No salía de su asombro. Miro a su alrededor pensando que escribir ahora. Vio su cama perfectamente tendida. Tuvo una idea.
Entre las sábanas revueltas de mi cama, a medio tender, alcanzo a ver su espalda desnuda.

Giró su cabeza para constatar, con cada vez menos sorpresa, que en su cama, ahora a medio tender alcanzaba a verse la espalda desnuda y peluda de un hombre desconocido. Se apresuró
La conocí en el bar. Le ofrecí posada y aceptó. Nadie le ofrecía mejor precio: cama caliente y limpia a cambio de un poco de compañía.

Sus ojos volaron a su cama. Ahora se veían las formas más suaves y apetecibles, por lo menos para él, de una muchacha. Se sintió poderoso. Por primera vez en la vida sentía que algo estaba bajo su control. El poder lo tentó.
Era lo menos que podía hacer. La noche pintaba oscura y fría. Tal vez se preparaba una tormenta.

De repente se formaron nubes en el cielo y la luna llena ya no era visible.

Su mente divagó por las infinitas posibilidades.
El primer relámpago rasgó el cielo cómo si abriera una hendidura hacia otra dimensión.


Después del relámpago del relato vio en el cielo varios más. Anonadado, contemplaba la tormenta que él mismo había creado.

De repente un relampago impactó en la estación eléctrica del barrio y vio como, progresivamente, la oscuridad del apagón eléctrico se iba acercando hacia su manzana, hasta alcanzarlo.

El computador, tal vez, fue el último en apagarse. También fue lo último que vio el escritor antes de desvanecerse, junto con los borradores, el cenicero, las colillas y la mujer desconocida, para siempre en una RAM sin energía. Si tan sólo hubiese activado la opción de autoguardar cada tres minutos...